paneles fotovoltaicos

Energía fotovoltaica: energía limpia

Un sistema fotovoltaico utiliza un inversor solar para convertir la energía solar en energía eléctrica, que puede utilizarse para alimentar electrodomésticos y otros aparatos en el hogar o la industria o puede inyectarse en la red. Al aprovechar el sol, estamos en presencia de energías renovables, es decir, fuentes de energía que no están sujetas a agotamiento y tienen un impacto limitado en el medio ambiente. Instalar un sistema con estas características permite ahorrar electricidad gracias a la energía autoproducida por el sistema y reducir las emisiones contaminantes.

Aquí tiene una breve guía para saber más sobre la energía fotovoltaica.

Sistemas fotovoltaicos: cómo funcionan

Los sistemas fotovoltaicos se componen de dos elementos: el panel fotovoltaico y el inversor. Instalados en las superficies exteriores de los edificios o montados en el suelo con una inclinación de entre 10 y 35 grados, los paneles solares están formados por células de láminas de silicio (monocristalino, policristalino o amorfo), un material semiconductor capaz de producir electricidad cuando incide sobre él la radiación solar. Cuantas más células haya, más energía se produce en una unidad de tiempo. Cuando un fotón incide en la superficie de una célula fotovoltaica, se liberan electrones, que a su vez generan electricidad. El inversor fotovoltaico es un dispositivo electrónico que convierte la corriente continua generada por los paneles en corriente alterna. Con vistas a la independencia energética y a utilizar la energía en un momento distinto al de su producción, un sistema fotovoltaico con almacenamiento está equipado con baterías (o acumuladores de energía fotovoltaica) que almacenan la energía producida y no consumida inmediatamente. Cuando el espacio disponible no permite la instalación de paneles fotovoltaicos, el vidrio fotovoltaico ofrece una alternativa viable: se trata de paneles de película fina que cubren la fachada de los edificios y se montan entre cristales herméticos.

Las ventajas de la fotovoltaica

El uso de la energía fotovoltaica y de la energía renovable en general tiene indudables ventajas. Los sistemas fotovoltaicos son una inversión a largo plazo: en cuanto al coste de un sistema fotovoltaico, los precios no dejan de bajar y los sistemas, con un ciclo de vida de unos 25 años, requieren muy poco mantenimiento. Los módulos fotovoltaicos funcionan incluso con baja irradiación solar y no es necesario realizar obras de albañilería ni en la instalación eléctrica. La deducción del 50% del IRPEF por renovación de edificios también cubre la instalación de sistemas fotovoltaicos, incluidos los que disponen de almacenamiento. Los sistemas de producción de energía verde aumentan el valor de la propiedad, no contaminan, reducen las emisiones de dióxido de carbono al medio ambiente y contrarrestan el riesgo de calentamiento global. En relación con la energía producida y autoconsumida instantáneamente, el ahorro en la factura energética es tangible: no despreciable es también la remuneración obtenida por la retroalimentación a la red de cualquier excedente de energía producida. ¿Cómo medir con precisión el ahorro que se puede conseguir con la energía fotovoltaica? El contador fotovoltaico permite contabilizar la energía producida por la instalación, midiendo no sólo toda la producción de los paneles fotovoltaicos, sino también cuánta energía se inyecta y cuánta se extrae de la red.

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